COLUMNAS
MIRADOR

Esta preciosa flor tiene un nombre muy feo.

Mastuerzo.

La palabra que la designa sirve también para tildar al hombre tonto.

Yo conozco a esa flor desde pequeño. Mis tías la cultivaban con esmero en las macetas que adornaban el zaguán de la vetusta casa. Llegaban a las flores las abejas -"Si no les haces daño ellas tampoco te harán daño a ti”-, y llegaban también las mariposas a las que llamábamos “gallitos”. En mayo las tías regalaban las flores a las niñas vecinas para que las ofrecieran a la Virgen, y en junio los niños las presentaban al Sagrado Corazón.

Hace mucho que no veo mastuerzos. (Hablo de las flores). Tantas flores había en aquel tiempo, y tan pocas se ven hoy en las casas. Viene al recuerdo la pregunta que Joan Baez hacía en su canción: Where have all the flowers gone?”.

Se habrán ido las flores, pero el recuerdo de su perfume y su color jamás se va, igual que “el esplendor de la hierba” que dijo Wordsworth nunca deja de brillar.

La belleza tiene la misma eternidad de Dios.

¡Hasta mañana!

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